lunes, 8 de febrero de 2016

Los pueblos no perdonan la traición


Sobre la deserción de los hermanos Gourriel del equipo cubano de béisbol

M.Sc. Miguel A. Gaínza Chacón

Santiago de Cuba, febrero 8.- ¿Asombro porque los hermanos Gourriel dejaron la delegación cubana en Santo Domingo? Para nada. Ellos hicieron lo que les dictó su conciencia, que evidentemente se mide en “cantidad de verdes” y porque tienen pleno conocimiento de que la palabra de orden es “Money” en el sitio para donde van.  
Nunca me ha llenado la cabeza el hecho de que Fulano o Mengano dejen su tierra, por buscar otros horizontes. Si uno hace una valoración desapasionada de las cosas llegará a la conclusión siguiente:
Si se fueron es porque en verdad no querían estar en Cuba; si no querían estar en Cuba, difícilmente jugarían con pasión y total entrega en el terreno.
No pongo en duda la calidad de Yulieski ni de Lourdes Jr., pero tampoco me llenaron los ojos y la boca como los de quienes no se han cansado de decir que son lo máximo en la pelota.  Aún hay mucha historia por escribir que avale eso que se dice. Por lo tanto, ojalá que a ambos les vaya bien.
Pero ¿qué necesidad tenían estos muchachos de hacer esa chapucería, cuando todo el mundo: hasta los norteamericanos, sabe que más temprano que tarde Cuba se va a insertar en las Grandes Ligas y se adelantan conversaciones para que los peloteros cubanos puedan jugar en MLB? ¿En realidad tenían tanto apuro?
Como mismo no me inmuta que el más sonado en cualquier esfera haga sus bártulos y emprenda viaje, igual pienso que quienes en verdad aman a su tierra y a esas cuatro letras sagradas: CUBA, no le aplaudirán a nadie dejar el puesto, cuando contra mil obstáculos y carencias, el país sacó casi de donde no había para iniciarlos, formarlos, y dotarlos de buena técnica.
Peor aun es que luego de hacerse de un nombre y del cariño popular, esas habilidades y categoría conseguidas con el respaldo del Estado, Ud. se la niegue al país y las ponga al servicio nada más y nada menos de quienes durante más de medio siglo prácticamente nos han ahogado en necesidades. Eso solo tiene un nombre: traición, aunque las circunstancias ahora permitan definirlo de mil maneras.    
No solo los Gourriel, sino los que con actitudes similares les han precedido en cualquier campo de la cultura, vista esta como todo lo creado por el hombre, han traicionado el amor de un pueblo noble y abnegado como el cubano, que por su estoicidad se ha ganado el respeto del mundo.
No hay rencor de ningún tipo. Que les vaya bien. Pero ya ellos y los otros han demostrado lo que moralmente valen. Deportivamente, científicamente, artísticamente valen millones. Moralmente, la cuantía no daría ni para un cucurucho de maní.
Por suerte nuestro pueblo es de la estirpe del inmenso José Martí, que visionariamente dijo:
“...Hay hombres que viven contentos aunque vivan sin decoro. Hay otros que padecen como en agonía cuando ven que los hombres viven sin decoro a su alrededor. En el mundo ha de haber cierta cantidad de decoro, como ha de haber cierta cantidad de luz. Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana. Esos hombres son sagrados.”
Cuba es una tierra donde proliferan esos hombres sagrados. Por eso nuestro béisbol se repondrá de cualquier bache, porque lo llevamos en el corazón y hay muchos hombres con decoro que seguirán jugando a la pelota para beneplácito de Cuba. A los otros, la historia les pasará la cuenta.       

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